Autoestima y cuerpo: por qué no basta con "quererse más"

La cultura del bienestar ha vendido durante años una idea seductora: "quiérete más" porque… “todo se arregla si te quieres más”.
Suena empoderador. Pero en el trabajo clínico real —especialmente en TCA, autoestima y relación con el cuerpo— esa frase es insuficiente, superficial y, a veces, dañina.

A continuación te explico por qué no funciona y qué sí funciona, desde un enfoque psicológico basado en evidencia.


  1. "Quererse más" no aborda aquello que mantiene el problema

    La autoestima no es un sentimiento espontáneo.

    No surge por repetirte frases bonitas como "debo quererme más". Está formada por:

    • Gestión emocional.

    • Esquemas cognitivos (cómo interpretas tu cuerpo).

    • Modelos internalizados (familia, cultura, redes sociales).

    • Historias previas de evaluación externa, experiencias propias y experiencias que observamos en nuestro entorno.

    • Conductas de seguridad (comparaciones, evitación, control del cuerpo).


Es un sistema complejo, no una idea mágica que, al desearla mucho y "obligarnos" a aplicarla, se hará real. Esto nos lleva al siguiente punto relevante…

  1. La presión por "quererte" aumenta la culpa

    Cuando alguien con baja autoestima recibe un "oye, quiérete más", el mensaje implícito suele ser:
    "Si no mejoras, es porque no estás haciendo lo suficiente".

    Esto:

    • Aumenta la vergüenza

    • Refuerza el autodiálogo crítico

    • Genera expectativas irreales

    • No proporciona estrategias concretas


En terapia vemos lo contrario de lo que se pretende: más frustración, más autoexigencia y más comparación social.


  1. El foco en "gustarte" perpetúa el problema

    Muchos discursos de autoestima siguen girando alrededor del atractivo:

    • “Eres guapa tal y como eres”.

    • “Todas las mujeres son bellas”.

    • “Tu cuerpo es perfecto”.

    La intención es buena, pero el mensaje mantiene el mismo eje:

    Tu valor depende de cómo te ves

    Las guías clínicas en TCA (NICE, APA) insisten en desplazar el foco del cuerpo hacia:

    • Identidad

    • Propósito vital

    • Relaciones

    • Habilidades

    • Valores


  1. El cuerpo no es el problema: son las estrategias de regulación emocional

    Muchas personas no tienen una mala relación con su cuerpo porque “no se quieran”, sino porque utilizan el cuerpo para manejar emociones difíciles.
    Cuando no se sabe:

    • identificar lo que se siente

    • tolerar malestar

    • regular emociones intensas

    El cuerpo se convierte en:

    • un foco de control

    • un canal de descarga

    • un enemigo contra el que luchar

    En estos casos, la insatisfacción corporal no es sólo estética, sino emocional.
    El rechazo al cuerpo aparece especialmente en momentos de ansiedad, vergüenza o sensación de pérdida de control.
    Por eso, trabajar la autoestima corporal sin abordar la regulación emocional deja el problema prácticamente intacto.


  1. Cambiar la imagen corporal exige trabajo cognitivo, conductual y relacional


    Lo que sí funciona (basado en evidencia):


    Reestructuración cognitiva
    Detectar y cuestionar creencias

    • "Solo valgo si estoy delgada"

    • "Los demás me juzgan por mi cuerpo"

    • Mi forma corporal determina mi éxito"

    Exposición y reducción de conductas de evitación

    • Reducir evitaciones.

    • Reducir comprobaciones.

    • Reducir comparaciones.

    • Adquirir herramientas para enfrentarnos a aquello para lo que sentimos que no las tenemos y ante lo que reaccionamos con conductas de evitación u otras: conflictos relacionales.

    Flexibilidad psicológica y autocompasión

    • Aprender a relacionarte con tu cuerpo desde la funcionalidad, no desde la estética.

    • Diferenciar identidad de apariencia.

    • Regular la autocrítica.

    Construcción de un autoconcepto más amplio
    El objetivo real no es “amar tu cuerpo”, sino que tu cuerpo sea solo una parte de tu identidad, además de adquirir otras herramientas adaptativas que nos permitan relacionarnos con nuestro entorno.


  1. La autoestima se construye con experiencias, no con discursos


    Lo que cambia la autoestima corporal es:

    • Tratarte con respeto incluso cuando no te gustas.

    • Actuar alineada con tus valores, no con tus inseguridades.

    • Exponerte a situaciones que te dan miedo.

    • Soltar reglas rígidas sobre tu cuerpo o tu alimentación.

    • Recibir relaciones seguras donde eres vista más allá de tu apariencia.

    La autoestima se practica. No se decreta.


ENTONCES… No, no basta con “quererse más”.


Ese mensaje simplifica un proceso profundo que implica revisar historias, creencias, emociones, hábitos y relaciones.


La verdadera mejora de la relación con el cuerpo requiere:

  • Ciencia del comportamiento

  • Estrategia

  • Exposición

  • Regulación emocional

  • Entrenamiento de habilidades de afrontamiento

  • Autocompasión



    Hace falta aprender a sentir sin atacarse, dejar de usar el control sobre el cuerpo como regulador emocional,

    Y un enfoque que mire más allá del espejo

La cultura del bienestar ha vendido durante años una idea seductora: "quiérete más" porque… “todo se arregla si te quieres más”.
Suena empoderador. Pero en el trabajo clínico real —especialmente en TCA, autoestima y relación con el cuerpo— esa frase es insuficiente, superficial y, a veces, dañina.

A continuación te explico por qué no funciona y qué sí funciona, desde un enfoque psicológico basado en evidencia.

  1. "Quererse más" no aborda aquello que mantiene el problema

    La autoestima no es un sentimiento espontáneo.

    No surge por repetirte frases bonitas como "debo quererme más". Está formada por:

    • Gestión emocional.

    • Esquemas cognitivos (cómo interpretas tu cuerpo).

    • Modelos internalizados (familia, cultura, redes sociales).

    • Historias previas de evaluación externa, experiencias propias y experiencias que observamos en nuestro entorno.

    • Conductas de seguridad (comparaciones, evitación, control del cuerpo).


Es un sistema complejo, no una idea mágica que, al desearla mucho y "obligarnos" a aplicarla, se hará real. Esto nos lleva al siguiente punto relevante…

  1. La presión por "quererte" aumenta la culpa

    Cuando alguien con baja autoestima recibe un "oye, quiérete más", el mensaje implícito suele ser:
    "Si no mejoras, es porque no estás haciendo lo suficiente".

    Esto:

    • Aumenta la vergüenza

    • Refuerza el autodiálogo crítico

    • Genera expectativas irreales

    • No proporciona estrategias concretas


En terapia vemos lo contrario de lo que se pretende: más frustración, más autoexigencia y más comparación social.

  1. El foco en "gustarte" perpetúa el problema

    Muchos discursos de autoestima siguen girando alrededor del atractivo:

    • “Eres guapa tal y como eres”.

    • “Todas las mujeres son bellas”.

    • “Tu cuerpo es perfecto”.

    La intención es buena, pero el mensaje mantiene el mismo eje:

    Tu valor depende de cómo te ves

    Las guías clínicas en TCA (NICE, APA) insisten en desplazar el foco del cuerpo hacia:

    • Identidad

    • Propósito vital

    • Relaciones

    • Habilidades

    • Valores


  2. El cuerpo no es el problema: son las estrategias de regulación emocional

    Muchas personas no tienen una mala relación con su cuerpo porque “no se quieran”, sino porque utilizan el cuerpo para manejar emociones difíciles.
    Cuando no se sabe:

    • identificar lo que se siente

    • tolerar malestar

    • regular emociones intensas

    El cuerpo se convierte en:

    • un foco de control

    • un canal de descarga

    • un enemigo contra el que luchar


En estos casos, la insatisfacción corporal no es sólo estética, sino emocional.
El rechazo al cuerpo aparece especialmente en momentos de ansiedad, vergüenza o sensación de pérdida de control.
Por eso, trabajar la autoestima corporal sin abordar la regulación emocional deja el problema prácticamente intacto.

  1. Cambiar la imagen corporal exige trabajo cognitivo, conductual y relacional

Lo que sí funciona (basado en evidencia):


Reestructuración cognitiva
Detectar y cuestionar creencias:


  • "Solo valgo si estoy delgada"

  • "Los demás me juzgan por mi cuerpo"

  • Mi forma corporal determina mi éxito"


Exposición y reducción de conductas de evitación


  • Reducir evitaciones.

  • Reducir comprobaciones.

  • Reducir comparaciones.

  • Adquirir herramientas para enfrentarnos a aquello para lo que sentimos que no las tenemos y ante lo que reaccionamos con conductas de evitación u otras: conflictos relacionales.


Flexibilidad psicológica y autocompasión


  • Aprender a relacionarte con tu cuerpo desde la funcionalidad, no desde la estética.

  • Diferenciar identidad de apariencia.

  • Regular la autocrítica.


Construcción de un autoconcepto más amplio

El objetivo real no es “amar tu cuerpo”, sino que tu cuerpo sea solo una parte de tu identidad, además de adquirir otras herramientas adaptativas que nos permitan relacionarnos con nuestro entorno.

  1. La autoestima se construye con experiencias, no con discursos

    Lo que cambia la autoestima corporal es:

    • Tratarte con respeto incluso cuando no te gustas.

    • Actuar alineada con tus valores, no con tus inseguridades.

    • Exponerte a situaciones que te dan miedo.

    • Soltar reglas rígidas sobre tu cuerpo o tu alimentación.

    • Recibir relaciones seguras donde eres vista más allá de tu apariencia.

ENTONCES… No, no basta con “quererse más”.


Ese mensaje simplifica un proceso profundo que implica revisar historias, creencias, emociones, hábitos y relaciones.


La verdadera mejora de la relación con el cuerpo requiere:

  • Ciencia del comportamiento,

  • Estrategia,

  • Exposición,

  • Regulación emocional,

  • Entrenamiento de habilidades de afrontamiento

  • Autocompasión


Hace falta aprender a sentir sin atacarse, dejar de usar el control sobre el cuerpo como regulador emocional,


Y un enfoque que mire más allá del espejo



La cultura del bienestar ha vendido durante años una idea seductora: "quiérete más" porque… “todo se arregla si te quieres más”.
Suena empoderador. Pero en el trabajo clínico real —especialmente en TCA, autoestima y relación con el cuerpo— esa frase es insuficiente, superficial y, a veces, dañina.

A continuación te explico por qué no funciona y qué sí funciona, desde un enfoque psicológico basado en evidencia.

  1. "Quererse más" no aborda aquello que mantiene el problema

    La autoestima no es un sentimiento espontáneo.

    No surge por repetirte frases bonitas como "debo quererme más". Está formada por:

    • Gestión emocional.

    • Esquemas cognitivos (cómo interpretas tu cuerpo).

    • Modelos internalizados (familia, cultura, redes sociales).

    • Historias previas de evaluación externa, experiencias propias y experiencias que observamos en nuestro entorno.

    • Conductas de seguridad (comparaciones, evitación, control del cuerpo).


Es un sistema complejo, no una idea mágica que, al desearla mucho y "obligarnos" a aplicarla, se hará real. Esto nos lleva al siguiente punto relevante…

  1. La presión por "quererte" aumenta la culpa

    Cuando alguien con baja autoestima recibe un "oye, quiérete más", el mensaje implícito suele ser:
    "Si no mejoras, es porque no estás haciendo lo suficiente".

    Esto:

    • Aumenta la vergüenza

    • Refuerza el autodiálogo crítico

    • Genera expectativas irreales

    • No proporciona estrategias concretas


En terapia vemos lo contrario de lo que se pretende: más frustración, más autoexigencia y más comparación social.


  1. El foco en "gustarte" perpetúa el problema

    Muchos discursos de autoestima siguen girando alrededor del atractivo:

    • “Eres guapa tal y como eres”.

    • “Todas las mujeres son bellas”.

    • “Tu cuerpo es perfecto”.

    La intención es buena, pero el mensaje mantiene el mismo eje:
    Tu valor depende de cómo te ves
    Las guías clínicas en TCA (NICE, APA) insisten en desplazar el foco del cuerpo hacia:

    • Identidad

    • Propósito vital

    • Relaciones

    • Habilidades

    • Valores


  1. El cuerpo no es el problema: son las estrategias de regulación emocional

    Muchas personas no tienen una mala relación con su cuerpo porque “no se quieran”, sino porque utilizan el cuerpo para manejar emociones difíciles.
    Cuando no se sabe:

    • identificar lo que se siente

    • tolerar malestar

    • regular emociones intensas

    El cuerpo se convierte en:

    • un foco de control

    • un canal de descarga

    • un enemigo contra el que luchar

    En estos casos, la insatisfacción corporal no es sólo estética, sino emocional.
    El rechazo al cuerpo aparece especialmente en momentos de ansiedad, vergüenza o sensación de pérdida de control.
    Por eso, trabajar la autoestima corporal sin abordar la regulación emocional deja el problema prácticamente intacto.


  1. Cambiar la imagen corporal exige trabajo cognitivo, conductual y relacional

    Lo que sí funciona (basado en evidencia):


    Reestructuración cognitiva
    Detectar y cuestionar creencias

    • "Solo valgo si estoy delgada"

    • "Los demás me juzgan por mi cuerpo"

    • Mi forma corporal determina mi éxito"

    Exposición y reducción de conductas de evitación

    • Reducir evitaciones.

    • Reducir comprobaciones.

    • Reducir comparaciones.

    • Adquirir herramientas para enfrentarnos a aquello para lo que sentimos que no las tenemos y ante lo que reaccionamos con conductas de evitación u otras: conflictos relacionales.

    Flexibilidad psicológica y autocompasión

    • Aprender a relacionarte con tu cuerpo desde la funcionalidad, no desde la estética.

    • Diferenciar identidad de apariencia.

    • Regular la autocrítica.

    Construcción de un autoconcepto más amplio
    El objetivo real no es “amar tu cuerpo”, sino que tu cuerpo sea solo una parte de tu identidad, además de adquirir otras herramientas adaptativas que nos permitan relacionarnos con nuestro entorno.


  1. La autoestima se construye con experiencias, no con discursos

    Lo que cambia la autoestima corporal es:

    • Tratarte con respeto incluso cuando no te gustas.

    • Actuar alineada con tus valores, no con tus inseguridades.

    • Exponerte a situaciones que te dan miedo.

    • Soltar reglas rígidas sobre tu cuerpo o tu alimentación.

    • Recibir relaciones seguras donde eres vista más allá de tu apariencia.

    La autoestima se practica.


ENTONCES… No, no basta con “quererse más”.


Ese mensaje simplifica un proceso profundo que implica revisar historias, creencias, emociones, hábitos y relaciones.


La verdadera mejora de la relación con el cuerpo requiere:

  • Ciencia del comportamiento

  • Estrategia

  • Exposición

  • Regulación emocional

  • Entrenamiento de habilidades de afrontamiento

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    Hace falta aprender a sentir sin atacarse, dejar de usar el control sobre el cuerpo como regulador emocional,


    Y un enfoque que mire más allá del espejo

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